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El anonimato en la web

Hace pocos días el diario El Comercio en su versión en línea publicó una artículo sobre lo que se esconde en el “más del 90% de información a la cual los buscadores no acceden fácilmente” bajo el título “El usuario común solo accede al 4% de la web”. Y, a pesar de que el título hace una afirmación referente al porcentaje de contenido al que “el usuario común” puede acceder, la idea principal se basa en una hipótesis que “en los últimos años ha tomado fuerza” la cual afirma que “menos del 5% de lo que hay en el Internet está al alcance del usuario común” y relaciona a quien decide mantenerse anónimo mientras visita la web con miembros de “foros especializados para piratas informáticos, vendedores de drogas y de armas, sicarios profesion[al]es, pederastras y agencias gubernamentales”.
Relacionar el anonimato en la red con la actividad fuera de la ley es por decir lo menos una idea equivocada. Idea que muchas veces es motivada por la errónea impresión de que en la vida fuera de la red todos sabemos quienes son las personas que están a nuestro al rededor todo el tiempo. Pero no es así.
En el mundo material caminamos por la calle sin saber quienes, ocupados en sus asuntos, transitan cerca a nosotros. Solamente conocemos los nombres más ciertos datos y hechos personales de quienes frecuentan los mismos lugares que nosotros, como la escuela y el trabajo. Nadie porta un gafete para identificarse todo el tiempo y nadie lleva un registro de todos y cada uno de los sitios que visitamos. De la misma forma, en el mundo digital no conocemos la identidad de quienes nos rodean y nos son familiares solamente quienes frecuentan con nosotros los mismos grupos de discusión o son miembros de la misma red social. Y, solo cuando decidimos identificarnos, con un usuario y una contraseña generalmente, es cuando nos colocamos un gafete y permitimos que se registre cada paso que damos.
Una forma, entonces, para evitar el apresurarse en establecer relaciones comprometedoras de una forma tan ligera es asegurarse que realmente comprendemos el paralelo que trazamos entre el mundo material y el mundo digital. Otra, es identificar e investigar los conceptos a los que nos referimos ya que después de todo el 4% del contenido al que tenemos acceso está lleno de referencias, como por ejemplo al anonimato en la web.
Dicho sea de paso, el entender que es nuestra decisión el entregar nuestros datos informativos y de contacto , que tenemos el derecho a preguntar cual es el fin que persigue el destinatario de tan preciosa información y demandar ciertas garantías (como que no vendan nuestro correo electrónico a empresas de publicidad), no es prueba de nuestra dudosa integridad ética y moral. Por el contrario es mostrar que estamos concientes de que el mundo digital es también un mundo peligroso y no debe ser tomado a la ligera.
Pero no todo es malo en el artículo escrito por “Redacción Tendencias (I)”. La mención al navegador Tor, desarrollado “específicamente para mantener el anonimato del usuario”, que tiene la capacidad de recorrer el internet sin que nuestra visita sea registrada y analizada exhaustivamente por quien provee servicios de búsqueda o de acceso a la red.
Pero no solo el anonimato está comprometido en la red. La privacidad, de nuestras conversaciones por cualquier canal, también son potenciales blancos para ataques que vienen de todos los flancos. Afortunadamente Tor no está solo en su esfuerzo por defender el anonimato del usuario común y también exiten otras herramientas para proteger nuestra privacidad. Los fines de estas herramientas son varios pero las más comunes nos permiten enviar mensajes por correo electrónico de manera que se pueda leer solamente por el destinatario del mensaje, opciones con similares características existen para mensajería instantánea, mensajería por el teléfono celular[5] e incluso video conferencias[6].
En conclusión, existen las herramientas para defender nuestro derecho a permitir el acceso a nuestra identidad y privacidad, en la cantidad que consideramos adecuada y a quien confiamos dará el uso correcto de la misma. Queda pendiente para cada individuo decidir ejercerlo.