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Mi problema es que no veo el problema

El otro día conversaba con varios amigos sobre un país que había tomado bajo su control territorio de un país vecino como represalia después que un ciudadano del país invadido había cruzado la frontera y asesinado a otro ciudadano del país invasor. Alguien condenó la incursión militar y alguien más dijo que no hay que olvidarse que el país “que ahora es la víctima” fue el que inició todo cuando produjo el primer muerto y que la violencia viene de los dos lados. Algunos más, al unísono de “no seas bestia”, apresuraron su explicación de la desproporción de las represalias y que cuando la dimensión es tan desmesurada como en estos casos, 1 muerto en un bando y 20 mil en el otro, no puedes decir que la violencia viene de ambos lados en el mismo contexto y es comparable.

Al siguiente día, alguien comentó sobre una mujer que le había pegado a un hombre y concluyó que la violencia de género va en los dos sentidos. Todos estuvimos de acuerdo, aunque a ninguno de nosotros nos había pegado nuestra novia o esposa.

Así mismo, otro día, un amigo preguntó si habíamos leído esa noticia en la que se presumía la posible inocencia de un dirigente del fútbol nacional en la red de corrupción de la FIFA. La primera respuesta fue que con solo leer el título uno ya se daba cuenta de que eso no tenía pies ni cabeza así que no había si quiera considerado la posibilidad de leer la nota periodística. Además, agregó, que el título era suficiente para suponer la complicidad del periodista con el presunto inocente dirigente deportivo.

Un poco más tarde alguien preguntó si habían leído esa noticia sobre un grupo que quiere legalizar el aborto para los hombres en otro país. Todos pedimos el enlace a la noticia porque parecía la promoción de un derecho justo aunque ninguno de nosotros había estado embarazado alguna vez.

Y hace poco, en la última conversación, un amigo se mostraba indignado porque notó que otro hombre de su trabajo le había visto de una forma que él sospechaba escondía un velo romántico. Luego advirtió, que si eso volvía a pasar, le “iba a moler a puñetes“, decisión que fue respaldada por varias y varios de los atentos interlocutores, porque uno puede ser lo que le de la gana en su metro cuadrado y ese metro cuadraro es el límite que todos debemos respetar.

En la misma conversación, una amiga contó que un hombre de su trabajo le había tocado la pierna mientras le celebraba una broma y que estaba pensando en poner una queja en recursos humanos. Casi todos nos quedamos en silencio porque no parecía para tanto e igual nosotros hacemos eso todos los días. El único que habló, dijo que le baje a esa nota del feminismo porque le está convirtiendo en una paranóica hipersensible“.

Estas conversaciones me hicieron preguntarme, ¿cómo es que podemos darnos cuenta de lo que está mal en el argumento de un problema al otro lado del mundo y no podemos distinguir la misma falla en un problema que afecta a la mitad de las personas con las que interactuamos todos los días?, ¿cómo nos es tan sencillo divisar una falacia a kilómetros de distancia en un evento externo a nuestras labores diarias y se nos pasa otra en algo que involucra procesos biológicos que los tenemos o no y son parte de nuestra vida? ¿cómo podemos ser solidarios con una sospecha e indiferentes, incluso prejuiciosos, de un hecho?

Mi respuesta es que soy un hombre que no conoce de los problemas que existen entorno al género y la discriminación sistemática que ejercemos día a día, pero que debería conocer. Y esto requiere que dedique tiempo para educarme en el tema, y no de una forma superficial, como la política internacional; si no al menos a un nivel intermedio que me permita reconocer que hay discriminación por el género en nuestra sociedad, siendo experto el nivel ideal, como en el fútbol; para que pueda escuchar con atención y empatizar con las mujeres, feministas o no, que hablan de los problemas generados por el sexismo en nuestro entorno y que ellas soportan día a día, y, llegar a ser un aliado en esta lucha que mantiene la otra mitad de la humanidad por entregarnos un mundo más justo y menos violento a TODOS.

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